AH SI!? Roben todo lo que quieran, pero que quede en claro una cosa: Aca la unica Minashi autentica soy yo. Y me importa un cuerno que piencen "que mina agrandada!"

sábado 11 de octubre de 2008

Tiene titulo, pero es muy cursi...mejor dejarlo ahi

Esto es algo que me salio hace un par de años...si sos homofobico y te gusta The King og Fighters NO LO LEAS

Shingo se había levantado muy temprano, aun estaba oscuro. Era una mañana de otoño, fría pero agradable. Esa sensación agradable le daba de lleno es su aniñado rostro.
Luego de un baño y un desayuno liviano, emprendió camino.
Caminaba por una solitaria vereda de un barrio tranquilo y familiar. Tarareaba una alegre melodía con una sonrisa que se le escapaba caprichosamente y que no tenia intenciones de ocultar.
Si bien era así a diario ese día era totalmente diferente, hasta él se preguntaba porque estaba tan feliz esa mañana.
Dos cuadras mas allá recordó que debía empezar a trotar.
-Si Kusanagi san no me ve entrado en calor me va a hacer a castigar con lagartijas- Pensó sin dejar de tararear. Se abrocho los botones de la campera y comenzó a trotar tal y como le ordenaron.
Recorrió ocho cuadras y tan solo le faltaban dos para terminar el recorrido, pero no se sentía ni en lo mas mínimo cansado. Se sorprendió de si mismo otra ves. ¿Seria ese sentimiento de felicidad que lo motivaba de tal manera? Luego de dos cuadras paro frente a una casa pequeña de dos pisos. Cruzo un pequeño portón de madera, se quito uno de sus guantes azules y golpeo la puerta jadeando…nadie dio ni una señal…llamo una segunda ves pero nadie contesto…hasta que la tercera ves la puerta se abrio lentamente. Se encontró con una cara adormecida y ojerosa.
- Buen día señor Kusanagi!!!- Saludo rebalsando de energía y alegría.
- No es demasiado temprano?- pregunto el señor Kusanagi rascándose la cara barbuda, con el pelo revuelto y su postura encorvada no parecía un luchador fuerte si no un hombre de la calle.
A Shingo se le había apagado un poco el entusiasmo, pensó que se iba a alegrar de verlo en ves de recibirlo tan fríamente. No se habían visto desde el ultimo torneo del 98. Entonces el señor Kusanagi se hizo a un lado sin decir más y dejo pasar a la visita. Esta se saco las zapatillas y las dejo frente a la puerta justo al lado de otros zapatos bajo un escaloncito que estaba a la entrada de la pequeña casa.
Subió las escaleras y recorrió un estrecho pasillo el cual estaba decorado con fotos enmarcadas de los diferentes torneos donde Shingo y Kyo habían participado, eran unos niños. Una de las fotos estaba Kyo abrazando a
Yuki con un brazo y una sonrisa triunfante, con el otro estrujaba a Shingo por el cuello quien no podía evitar una mueca de dolor.
Finalmente llega a una puerta celeste y golpeo. Como era de esperarse ni siquiera escucho un “pase” detrás de ella, así que no insistió y entro a la habitación. Era pequeña pero acogedora. Lo primero que vio fue una ventana con las cortinas corridas que daba a la calle, en las paredes habían mas fotos, un mueblecito con la computadora y una silla tapada de ropa, justo en el medio de la habitación había una mesita ratona llena de manga. Debajo de la ventana pegadita a ella estaba la cama donde yacía Kyo durmiendo profunda y placidamente de costado dando la espalda a la puerta donde Shingo estaba estúpidamente parado. Estúpidamente porque se quedo inmóvil a tan solo ver a Kyo, no se había dado cuenta de todo el tiempo que había pasado, que no se veían siendo que eran como hermanos y prácticamente era como que convivían juntos. Casi un año fue demasiado.
- Kyo - Susurro Shingo acercándose tratando de despertarlo, parecía tan cómodo que le daba pena sacarlo del sueño. Kyo solo volvió dormido hacia Shingo y continuo durmiendo tapado hasta la nariz. El pelo le había quedado sobre la cara y su amigo no pudo evitar quitárselo del medio para poder verlo. Cuando se encontró con ese rostro afilado y como el de un niño Shingo sintió un escalofrió agradable que le recorrió toda la espalda, fue inentendible el porque, pero al mismo tiempo se sobresalto y callo sentado en un puff que había junto a la mesita ratona. Su corazón se había vuelto a acelerar y no a causa de haber trotado diez cuadras sin parar…y esa sensación de alegría se había expandido como lo hace el agua al caerle un pétalo de una flor sobre ella. ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué eran esas sensaciones? Se sentía un poco incomodo con si mismo, pero por alguna razón que no entendía deseaba que no desapareciera. ¿Estaba feliz de volver a entrenar con Kyo, el maestro que le enseño todo lo que sabe? ¿O estaba alegre de volver a verlo por primera ves luego del torneo de The King of Fighters 98’?
Shingo suspiro profundo tratando de acomodar la mezcla de sentimientos que lo invadían. Entonces decidió por fin despertar a Kyo. La tranquilidad con la que este respiraba al dormir hacia que Shingo se acobardara.
-K…Ky…o- Dijo – Kyo- Repitió un poco mas seguro. Como Kyo no respondía, Shingo lo zamarreó un poco. –Kyo! A despertarse!!- Dijo esta vez más fuerte.
- Yu…ki…yo… no…- Murmuro Kyo. Shingo dio un respingo y su rostro de lleno de sorpresa y curiosidad. Por dentro no podía saber descifrar que era esa opresión en el pecho, no era agradable, era incomoda…¿celos?...Supuso que era obvio que Yuki este en sus sueños, así que no hizo demasiado caso y lo tomo de los hombros y lo sacudió una ves mas.
- Dijiste que íbamos a entrenar hoy!!- Reclamo exagerando un enojo que ni el se lo creía.
-Ya…ga…mi- Murmuro una ves mas Kyo. Shingo se pregunto porque Iori también estaba en sus sueños si es que estaba soñando con su novia, era inexplicable para el, aunque por un lado temía de que Iori le haría daño a Yuki.
- No, el no es así, solo se las trae con Kyo, Yuki no le interesa- Pensó. Su maestro por fin había abierto un poquito los ojos, lo vio a su amigo y se sentó sobresaltado en la cama.
-Shingo!- Exclamo al verlo sentado al borde de la cama
-Soñabas con Yuki- Dijo al pasar Shingo. Kyo se rasco la cabeza y se refregó la cara quitándose la modorra. –También lo mencionaste a Iori- Agrego.
- ¿Verdad?- Se espanto Kyo, esta ves se toco la nuca y dirigió una mirada de confucion a su amigo – ¿Dije algo mas?- Su compañero solo negó con la cabeza y se levanto de la cama sentándose en el puff.
-Bueno, bueno, a entrenar!!- Kyo de un salto ya estaba de pie y casi listo para comenzar el día. El cielo empezaba a teñirse de un azul claro con pintitas blancas y grises.- Pero primero tengo que bañarme-
- ¿¡QUE?!- volvió a sobresaltarse Shingo casi al borde del escándalo. Era demasiado tarde como para detenerlo ¿y porque iba a hacerlo? Solo era un baño. Se sentía demasiado fatalista por tratar de detenerlo, pero en realidad eso se llama cola de paja.
Así que tampoco pudo evitar que le sudaran las manos y que la garganta se le cerrara. El aire pareció cortársele cuando vio que Kyo se sacaba la remera en frente de el, era un esfuerzo tremendo el que hacia para no mirar pero aun así no podía evitar ver por un costado que se quitaba los pantalones. Por fin Kyo se había desaparecido de su vista cuando se metió en el baño, tras unos segundos el ruido de las gotas de la ducha empezaron a hacerse oír haciendo muuuucho ruido. Agarro un manga de la mesita para distraerse y dispersar su mente que el creía inocente. Lo ojeo distraído pero el ruido de la ducha era como aturdidor, solo sabia que Kyo estaba ahí dentro. Camino en círculos mirando a su alrededor pero no observando. De pronto la lluvia paro y esta ves el silencio se volvió aturdidor.
- Shingo, necesito mi ropa, esta sobre la silla- grito Kyo desde el baño. Shingo miro la silla y de inmediato vio los pantalones y la remera de su amigo. Se quedo duro de pies a cabeza.
-¿Porque no me puedo mover?- Pensó.
-Shingo! Que me muero de frio!!!- Volvió a llamar Kyo. Shingo dio unas vueltas fingiendo no encontrar la ropa hasta que tomo el valor suficiente. Golpeo la puerta apretando los ojos.
- ¿Entro?- pregunto miedoso
- ¡SI!-
- ¿Seguro?- volvió a preguntar
- Shingo, ¡¡soy una persona!!. ¡¡Tengo frio!!-
- Pensé que nunca tenias frio- Respondió tímido Shingo
- Te dije que también soy una persona -
- pero…- en medio de esa discusión estúpida, Shingo siente que lo toma de la muñeca muy delicadamente pero con firmeza. Entonces su corazón parecía explotar cuando sus manos se juntaron. Su rostro se puso tan rosado como un rábano cuando no pudo evitar dibujar en su mente la imagen de Kyo envuelto en una toalla. Se paralizo mentalmente cuando comprendió lo mucho que le gustaba su maestro.
Minutos mas tarde Kyo salio del baño relajado y con el pelo mojado, se peino un poco con las manos.
- Shingo, estas colorado, ¿estas bien?, ¿desayunaste?- Shingo reacciono cuando Kyo le dio una palmada en la espalda, como lo agarro desprevenido le pareció algo brusca.
-Si si- Respondió haciendo la mímica de unos ejercicios – estoy perfecto…hace calor ¿no?- Miro hacia arriba incomodo, cruzo los brazos detrás de el y empezó a mecerse sobre sus pies. Por alguna obvia razón, pero no sabía con exactitud cual, Kyo no le creyó ni una palabra. Así que tomo su campera blanca y se la calzo mientras notaba como Shingo le miraba de reojo.
Cada año vísperas de cada torneo, meses antes, ambos se juntaban a las cinco de la mañana a entrenar, trotaban en silencio durante una hora. Para Shingo era lo mas gratificante que le podía pasar por mas que estuvieran en silencio, esa felicidad que lo perseguía era a causa de Kyo y trataba de no demostrarlo pero cada día se le hacia mas difícil. Era mas fuerte que el, se reía a carcajadas su maestro hacia alguna broma y sacaba energías de donde ya no tenia al final del día ante cualquier ejercicio que proponía. Por otro lado no ocultaba en lo mas mínimo la admiración que sentía por su maestro, desde que le enseño todo lo que sabe siempre deseo ser como el.
- Quisiera poder estar a tu nivel, Kusanagi- Dejo escapar Shingo un día. Kyo sonrió tiernamente y acaricio la cabeza de su admirador en señal de agradecimiento. Sintió una opresión en el estomago que le subió hasta el pecho como una bola de fuego, no pudo sostenerle la mirada y deseo que ese momento nunca terminara.
El tiempo pasaba y los sentimientos de Shingo se hacían más fuertes, mas sólidos, mas profundos.

- Quisiera decirle todo lo que me pasa. Sembró una semilla dentro mío y verlo a diario hace que germine, esta haciendo de que esa flor que era un pimpollito se convierta en un árbol fuerte, duro de cortar, solo arrancarlo de raíz me haría salir de esto. Esas cosas propias de el son las que me hacen bien…tanto como mal…su personalidad, su carisma, su talento, sus ganas de enseñarme, su amistad… ¿amistad?... ¡NO! ¡¡no lo soporto! ¡quisiera ser algo mas pero…! Yuki también es mi amiga, no podría traicionarla y mucho menos competir con ella y porque además el, Kyo…tus sentimientos nos son los mismos que los mios…al el le gusta su chica…su chica, su novia.
Debería confesarle todo, ya casi se me escapa de la boca, pero…¿Qué tal si no me acepta? ¿Qué tal si se enoja y no lo veo nunca mas? No lo soportaría y mucho menos verlo de lejos en los torneos. Necesito explotar, ¡ya no lo soporto! Lo voy a hacer. –
Pensamientos como esos permanecieron en la mente de Shingo durante meses, cada ves que estaba a punto de hablarle algo sucedía para que el temor le invadiera nuevamente.
Una tarde de primavera Shingo y Kyo permanecían descansando bajo la sombra de un árbol rozado al igual que el suelo que estaba tapado de pétalos. El sol era calido y agradable, los niños andaban en sus bicicletas felices y entretenidos, las adolescentes con sus uniformes del colegio le obsequiaban sonrisas simpáticas a Kyo, de fondo se oían las chicharras que parecían enfadadas por el calorcito de la tarde. Shingo tenía en la cara una sonrisa de idiota bien dibujada.
- bueno, a seguir entrenando - Ordenó Kyo de buenas a primeras. Se levanto de un salto y se sacudió los pétalos que tenia pegados en la ropa.
-Antes…Kyo…- Shingo estaba mas decidido que nunca- (tengo ganas de ir al baño)-pensó en el medio. Se puso firme y se paro de la misma manera. - …tengo que decirte algo…-
-Si, se me fue la mano con los ejercicios, no debí sentarme arriba tuyo cuando hacías lagartijas, lo lamento.- Shingo sonrió.
- No, no, no…-miro sus zapatillas distraído pero pendiente de quien tenia enfrente.
-¿Qué harías si un chico te dice que le gustas? - No pudo evitar la vergüenza así que le dio la espalda. Kyo estallo en carcajadas, pero era evidente que eran totalmente falsas, lo conocía muy bien.
-Depende…- Inquirió. Shingo dio un respingo y nervioso empezó a subir y bajar el cierre de su campera deportiva. ¿A caso tenia posibilidades? Pero…¿y Yuki?.
- ¿Como que “depende”?- dijo escudriñado a su maestro
- Depende de quien, Shingo - Shingo trago con dificultad el nudo que se le había hecho en la garganta.
- ¿Y…fuera…fuera…y si fuera yo?- Kyo abrió mucho los ojos, y lo tomo de un hombro, Shingo pensó que iba a recibir un golpe en toda la cara, pero no fue así, lo puso frente a el de manera que pueda verle bien de cerca la cara. Shingo solo apretó los ojos esperando lo peor.
- ¿De verdad Shingo?- miro sus ojos profundamente como si estuviera buscando la verdad en lo que le decía su pequeño discípulo.
- Si - Afirmo temeroso y avergonzado - por favor no te enojes conmigo, es algo que no puedo evitar, perdón.- Kyo dio un paso quedando muy cerca de Shingo.
-De verdad…Shingo?- Repitió la pregunta susurrando muy bajito cerca de Shingo, su nariz rozo con la de Kyo y se puso en puntitas de pie tratando de alcanzarlo, cerro los ojos sin importarle absolutamente nada. ¿Lo que tanto había deseado se estaba volviendo realidad?.
¡No! De pronto abrió los ojos y se vio de espaldas en el pasto de una plaza, sentía el costado de la cara muy caliente y que la mandíbula se le iba a descolocar.
-¡Shingo! ¡¡Idiota!! ¿Porque no me esquivaste?- lo reto Kyo parado junto a el ¿en que estabas pensando?- Shingo se toco la cara e hizo una mueca de dolor. Era obvio que no podía contarle en lo que estaba pensando.
- Me distraje- se disculpo
- La próxima semana empieza el torneo, deberías poner mas atención- dijo frio con un dejo de enojo
-…perdón- Shingo agacho la cabeza y Kyo no pudo evitar sentirse un poco mal. Shingo trato de recomponerse, la cara no era lo que mas le dolia, si no que Kyo lo había llamado idiota.
Por fin había llegado el primer día del torneo del año 2000. Shingo iba mas preparado y confiado que nunca y estaba feliz de haber entrenado con Kyo. Ese día, como todos los días, Yuki lo había acompañado, pero Shingo noto lo raro que Kyo estaba con ella. Es lo que pudo notar a lo lejos, Kyo precalentaba y ella solo permanecía a su lado esperando que el le dijera al menos algo pero la engoraba por completo. - ¿Porque la trata asi?- se pregunto Shingo. Por un momento no pudo evitar tener esperanzas cuando pensó “¿acaso ya no la quiere? No, debe ser una pelea pasajera” Se desilusiono, no obstante mantenía la delicia de la esperanza de que Yuki y Kyo terminaran.
Kyo se acerca a Shingo haciéndose paso entre la multitud.
- Bueno amigo, me toca- No parecía estar con el mismo entusiasmo de siempre.
- ¡Suerte! - Le deseo Shingo obsequiándole el símbolo de la victoria con ambas manos
- Tal vez sea la última participación en este torneo, Shingo- Se lamento Kyo
- ¡No! ¡¡No Digas esas cosas!! ¡Vas a ganar! - Shingo lo alentaba de la misma manera que lo hizo Kyo la primera ves que peleo y se sentía extraño.
- La verdad no quiero pelear con Yagami- se confeso Kyo como sacándose un peso enorme de encima.
- ¿Mi maestro se acobarda?- se pregunto Shingo sin dar crédito a las palabras de Kyo. Como un niño se hecha a los brazos de Shingo quien no esperaba tal cosa, sin mas que decir el le correspondió el abrazo.
- Jamas, ¡nunca! Entenderías porque no Quiero pelear con él- Kyo parecía tener la vos temblorosa como si estuviera a punto de llorar, pero se contuvo. Shingo no supo que decir así que solo le expreso un “no te preocupes” frotando su espalda cariñosamente. Kyo se separo de el con los ojos vidriosos.
- Cuando termine el torneo tenemos que ir a pescar juntos. ¿Que te parece?- propuso Shingo con toda su energía característica. Kyo levanto el pulgar extendiendo su brazo y se dirigió al combate un poco mas animado pero a Shingo no le convencía del todo. Había absorbido toda la preocupación de su amigo.
El equipo de Kyo iba casi a la cabecera con el de Iori y como cada año era evidente de que ambos pelearían en la semifinal. En cambio Shingo le fue del todo bien.
Ambas potencias, Kyo y Iori finalmente habían llegado a la final.
- Vas a pelear con Iori- dijo Shingo
- Lo se- dijo Kyo con un dejo de nerviosismo, ya no podía ocultarlo mas, Shingo jamás lo había notado de tal manera ¿Por qué no quería pelear con su rival? ¿Cuál era esa razón inentendible?
- Todo va a salir bien, tranquilo, entrenamos duro - El pobre ya no sabia que decirle para calmarlo mas que nada porque no soportaba verlo en ese estado, no estaba acostumbrado. Por momentos pensaba que la admiración que tenia hacia quien le había enseñado todas las técnicas de la escuela Kusanagi se iba apagando de apoco y un sentimiento de tristeza se adjuntaba al ver el rostro de Kyo tan preocupado. Repentinamente este había desaparecido. Por los parlantes se oye la vos del comentarista.
- Me acaban de informar de que Kusanagi se retira del torneo en este momento- la multitud no pudiendo entender ni creer lo que habían oído hicieron un silencio casi absoluto.
-¡¿COMO?!- se oye una vos grave similar a un rugido. Iori aguardaba a Kyo en el cuadrilátero para pelear y al oír aquello su rostro se lleno de rabia, de odio e indignación. De pronto Shingo puede ver como Iori localiza a Kyo quien salía apresuradamente del lugar hacia la calle, así que lo siguió sin pensarlo, cegado por la furia que le provocaba tan solo la presencia de Kyo. Shingo tampoco lo pensó y como temió lo peor salio tras ellos también.
Shingo corrió lo mas rápido que pudo, ya los había perdido de vista, pero por suerte al dar la vuelta en una esquina se encontró con ambos a punto de pelear en medio de una oscura y solitaria calle donde lo único que había era bolsas de basura, los vagabundos que vivían en ese lugar se asustaron y salieron casi corriendo .El oscuro rostro de Iori se ensombrecía cada ves mas, la rabia lo estaba tapando y ya no podía contener las ganas de pelear.
Kyo empezó a caminar a paso ligero lo cual hizo que Iori fuera tras el sin importarle nada, cuando su victima lo noto empezó a correr dando la vuelta en una esquina. Shingo a su vez iba tras ellos hasta que de pronto se vieron encerrados en un callejón sin salida. Los faroles amarillentos iluminaban ligeramente el rostro de Iori haciendo que se vuelva mas sombrío y sus facciones se endurezcan.
Por lo que pudo ver Shingo, fue solo la siluetas de Kyo y Iori distanciadas uno de otro, Kyo permanecía con una postura abatida y con la cabeza gacha, el pelo le tapaba la cara pero Shingo pudo deducir de que estaba serio y con el seño fruncido.
- ¡¡KUSANAGI! PELEA COBARDE!! - Grito Iori cegado de enojo.
- No - contesto Kyo sin quitar la vista del suelo con un tono insolente de manera que Iori se encendió aun mas. De su mano derecha comenzó a emanar un fuego azul incandescente, lleno de poder. Shingo quería intervenir, pero sabia que si se enfrentaba a el saldría perdiendo ya que era un oponente demasiado poderoso para el.
-Si se trata de Kyo, Iori pelea con otro espíritu, como el de un asesino- Se dijo Shingo.
- No soy un cobarde. Si quisiera te mataría acá mismo Yagami -
- Entonces ¿porque no lo intentas? ¡desgraciado!-
- Nunca lo entenderías -
-PELEAAA!! -
- No voy a pelear, pero si vas matarme podes hacerlo ahora mismo - Shingo pudo notar como caía una lagrima brillante en el suelo del rostro de Kyo. Iori levanta lentamente su incandescente y elegante mano para soltar un destello azul contra Kyo, pero impulsivamente Shingo se atraviesa en el camino. El destello de luz azul eléctrico rasgo la tierra viajando hacia donde se encontraba Shingo con los brazos extendidos, ese fuego se veía en sima de él lenta pero decididamente, a pocos centímetros de él podía sentir el calor que estaba a punto de abrazarlo. Aun asì Kyo fue más rápido, de un empujón lo tira a un costado del peligro inminente. No tubo tiempo de contrarrestar ese poder, fue estaba demasiado cerca, el incandescente rayo de fuego lo envolvió por completo el cual se extinguió con facilidad dejando ver cuando caía al suelo bruscamente dándose un golpe seco y doloroso. Pudo levantarse algo tambaleante, entonces Iori no lo dudo y se abalanzo contra el violentamente para golpearlo en la cara. Kyo no se defendió, solo se quedo ahí inmóvil recibiendo golpe tras golpe…
- ¿¡Porque no te defiendes Kyo!?- Gritoneaba casi afónico Shingo a un costado de la pelea, había caído de lleno con el hombro y no podía levantarse.
_ ¿que es lo que te pasa Kusanagi?- Rugió Iori tomándolo de la ropa para que el cuerpo no se le callera al suelo, el odio no estaba manifestado solo en su rostro si no que en todo su cuerpo, en su espíritu, casi era insoportable, solo quería pelear. Ante la pregunta, Kyo muy débil alza la cabeza hacia los ojos de su agresor por unos instantes. Entonces Shingo recordó esa mirada en otras situaciones y era cuando el y Yuki estaban a punto de besarse. Entonces lo entendió todo. Entendió porque nombro a Iori en sus sueños, porque ya no andaba bien con su novia y sobre todo porque no quería pelear con su adversario…de pronto el mundo se le vino abajo, sentía morir en ese instante, casi lo deseaba. Un ardor terrible comenzó en su estomago hasta llegarle a la garganta. Se sentía mareado, todo eso sumado a la presión de que Kyo estaba a punto de ser acecinado, moría por salvarlo pero enterarse de que Kyo no le correspondía lo paralizaba ¡tenia que salvarlo o nunca le podría decir lo que sentía y en consecuencia no podría seguir viviendo con esa carga en resto de su vida!
- Defiéndete!- ordeno Iori. Por primera ves Shingo estaba de acuerdo con el.
- Dije que no voy a pelear, Yagami- insistió Kyo
- Entonces voy a tener que matarte…-Determino Iori
- Noooo!! - Grito Shingo al ver que Iroi comenzaba a implementar una de sus técnicas especiales. Comenzó haciendo varios cortes en todo el cuerpo y cuando pareció que iba a morir desangrado lo toma de la cabeza firmemente y con brusquedad.
- ¡¡Shine!! - Grito Iori soltando toda la furia. Shingo no pudo intervenir, casi lo cegaba la explosión que causo iluminando toda la solitaria y oscura calle
- ¡¡Kyo!! - Shingo no daba crédito a lo que estaba viendo en ese momento, de apoco el fuego y el humo se iban dispersando dando cada ves mas información de lo que había sucedido.
Iori soltó el cuerpo de Kyo en dejándolo caer en seco al suelo. Se sacudió el polvo de las cenizas y como si nada con toda su elegancia se marcho lentamente.
- Maldito!!- grito Shingo furioso, no sabia porque lo hizo, solo le nacio de adentro. Pero Iori no se dio por aludido, solo continuo su camino. – ¡Pelea!- A Shingo le floreció un sentimiento de venganza que no podía controlar y estaba dispuesto a todo sin importarle algo incluyendo su propia vida. Iori rio burlón y malicioso a la ves.
-No voy a pelear enano…- agrego cortante-…te acordaras de mi cuando veas la luna - termino victorioso y continuo con un camino satisfecho con su cometido. Shingo solo vio la espalda de su chaqueta, aquella luna se hacia cada ves mas pequeña y su cuerpo no reaccionaba. Solo corrió hacia el cuerpo de Kyo desesperado. Permanecía en la vereda con cortes profundos y quemaduras severas. Se agacho junto a el y sin contenerse comenzó a lagrimear con el seño fruncido como un niño. No había mas nada que hacer Kyo había muerto. Jamás podía confesarle todo lo que sentía y no podía vengarse de Iori por los sentimientos que le tenia Kyo que eran tan profundos como los de el a su maestro.
-Estabas enamorado…de el- repitió una y otra ves Shingo casi recostado sobre Kyo, llorando, maldiciendo, odiando…muriendo junto con el. ¿Cómo haría ahora para vivir con ese sentimiento incrustado dentro suyo…?

Oh por Dios! lo mate Kyo T_T

martes 16 de septiembre de 2008

Ya vengo che!

...no soy vaga, mi inspiracion me da la espalda de ves en cuando...

sábado 26 de julio de 2008

El samurai que lo siguen las moscas

Esto sucede cuando dos entes iluminadas están tomando café en Mcdonalds , lamentablemente no tienen marcha atrás, y si no entienden de que hablo lean… (dale clik a la imagen para que puedas hacerlo viste?)
Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia...yo lo vi a este samurai comprando curitas en Coto de Temperley...doy fe...si no miren...


...estaba un poquito de mal humor me parece...

Arigato Wataru Sama

viernes 28 de marzo de 2008

Minashi no es la autora...ojo

Este relato no se trata de mi concretamente en lo mas mínimo. Se trata del trasfondo de un personaje de un juego de rol llamado Leyenda de los cinco anillos el cual esta ambientado en la epoca de Japón feudal. De ahí nació este personaje del cual me apropie su nombre. Ya que considero que es uno de los mejores personajes que he creado (o sea me encariñe como si fuera un perrito)
Aca la primer parte.


La niña sentada sobre sus pequeños pies en un almohadón de seda, detrás de una mesa ratona, contemplaba el patio de su casa, desde un cuarto de su minimalista casa japonesa con un estilo tradicional, el cielo era de un celeste casi eléctrico y las nubes tan blancas como la nieve, era primavera y los árboles de cerezo desprendían aquellos hermosos pétalos que tapaban el suelo tiñéndolo de un rozado lleno de energía. Permanecía sentada con la espalda muy recta, un pincel en la mano y sobre la mesa había un pliego de papel de arroz sin tocar, junto a el una botellita de tinta negra. Aun continuaba distraída, pero hundida en pensamientos mientras contemplaba el afuera, era como si deseaba inconteniblemente salir corriendo y revolcarse en los pétalos de cerezo. Pero no podía hacerlo, estaba atada de pies y manos y no podía hacer nada al respecto.
Miro el pincel sin expresión alguna.
- Odio hacer esto- pensó. Miro nuevamente por el umbral de la puerta corrediza y continúo contemplando el simple y cotidiano paisaje que para ella era lo más bello que habría visto en sus cortos 8 años de vida. No era solo contemplar como bailaban los pétalos, deseaba ser uno de ellos…
Cuando escucha los sonidos de unos pasos que se hacían cada ves mas cerca, mojo el pincel un poco sobresaltada y comienzo a escribir.
- ¿Aun no has hecho nada?- dijo un hombre serio y vestido con un caro e impecable kimono. Era distante y frió. Ella negó con la cabeza, arrugando la nariz de enojo. – Se dice NNNO - la reto su estricto padre. Ella apretó el pincel con rabia e hizo un trazo torpe adrede. Su padre la miro de reojo y volvió a retarla - Sigue practicando, no puedes ser una mujer bruta e ignorante, seria una deshonra para tu futuro marido.- ella deseaba contestar, deseaba decirle que odiaba la caligrafía, que odiaba tener que sentarse correctamente, odiaba los modales que le obligaban a utilizar, y por sobretodos las cosas odiaba tener que alimentar su honor por su padre, un honor que ella sentía ajeno. Quería ser libre, quería ser como un pétalo de cerezo, caer lentamente, vivir el
momento y morir tendida en el suelo…
Por las mañanas se escabullía al dojo de su padre donde daba clases de kendo, iaido y aikido, se escondía para que no pudieran verla ya que no eran cosas que debía aprender una dama, entonces observaba con mucha atención y aprendía cada cosa, se le hacia muy fácil porque era algo que le apasionaba. Cuando la clase acababa corría a la cocina fingiendo que cocinaba con su madre, una hermosa mujer sorda muda que solo sabia cocinar. Luego de cenar practicaba con un viejo boken que su padre había desechado, y sentía que podía ser una gran artista marcial.
A los 12 años sus deseos de ser libre como un pétalo de cerezo se hacia cada ves mas fuerte, a la edad de 15 estaba decidida a irse y convertirse en una ronin, nunca pudo aceptar las reglas de su padre, no quería, no lo sentía parte de si misma. A pesar de ser tan convincente existía una semilla de temor de que su padre la reprenda, pero estaba dispuesta a afrontar cualquier situación, si tenia que pelear contra el lo iba a hacer y si tenia que matarlo también… y así sucedió, con 18 años, una noche lluviosa, le manifestó su plan a aquel samurai estricto. En medio de una discusión de gritos, el la tomo violentamente de un brazo, instintivamente puso en practica los movimientos que observaba de pequeña en el dojo y lo derribo de un solo movimiento.
- No me toques!- grito con la vos ronca de ira – ¿quien se supone que sos para hacerlo? Nunca me enseñaste nada de la vida, se caligrafía y modales corteses, pero aun así soy una mujer bruta y todo por tu maldita culpa!!- el samurai permanecía tendido en el suelo no pudiendo moverse, no por el dolor, si no por un shock emocional que le duro unos segundos, nunca antes alguna de
sus hijas había reaccionado de esa manera y no sabia como manejar aquella situación, así que opto por poner represión. Se levanto enfadado y se proponía a amarrar a su hija si era necesario. Junto a la entrada del lado de adentro de la casa había una mesa baja donde solían descansar las armas del dueño de casa, había una espada nueva prácticamente sin usar. La tomo con seguridad y firmeza, la desenvainó, aun así se le hizo muy pesada para sus delgados brazos, su mirada era amenazadora, estaba dispuesta a todo menos a morir. Ella hizo un movimiento torpe y su padre aun no salía de su asombro, no pretendia demostrarlo en lo mas minimo. Se abalanzó con decisión hacia ella y le quito la espada de las manos como quien le quita un juguete a un niño.
-…aun así no entiendes nada, como lo dijiste, sos bruta y nada mas- la tenia tomada de una muñeca en alto y casi no hacia pie, sentía que el brazo se le iba a desprender del hombro, pero aguanto las ganas de llorar y gritar.
-las mujeres valientes no lloramos- se repetía una y otra ves. El samurai en la otra mano tenia sujetada la espada que era de su abuelo, no era capas de dejarla caer por el respeto que le tenía y tampoco pretendía dejar libre a su hija para que se le escapara.
- ¡Que me sueltes!- grito ella nuevamente.
- Al faltarme el respeto a mí, a tu abuelo, a tu madre incluso a esta casa, me deshonras. La vergüenza es insoportable así que lárgate y no vuelvas nunca más -
La soltó dejándola caer en seco al suelo, atino a tomarse la muñeca por el dolor pero no lo hizo a pesar que le dolía horrores ni tampoco emitió sonidos quejosos. El samurai dio media vuelta y se dirigió a llevar la espada sagrada a un lugar seguro, ella no pudo con su genio. Silenciosamente, pero ágil, rápidamente le arrebata la espada de la mano que llevaba junto a su pierna, le fue fácil porque el mango estaba hacia ella, así que la desenvaino de un movimiento preciso y de un solo corte hizo que su padre cayera al suelo de rodillas. El corte profundo que tenia en la espalda no le dejaba respirar y el dolor era insoportable, tras unos segundos callo de frente dejando un charco de sangre espantoso.
Su madre se apareció en la habitación, se llevo una mano al pecho y se arrodillo junto a su esposo. No emitió ningún gesto de tristeza ni llanto, ni enojo, mas bien su mirada era como que algo natural había sucedido. Tomo el pulso y aguardo a que pare muy tranquilamente.
La adolescente estaba consiente de lo que había hecho, pero no pensó que se le podía haber hecho tan fácil, no entendía como un poderoso samurai había muerto por manos de una novata, de alguien que si bien conocía el arte de la espada, nunca había peleado con alguien.
- Idiota! ¡No eras mas que un idiota!- dejo caer la pesada espada en seco. – yo quería ser como vos, ¡no quería vivir encerrada en tu honor!- su madre solo oía junto a su marido mientras su alma se le salía del cuerpo. La chica la miro a los ojos y luego hizo una reverencia a modo de disculpas. Acto seguido salio de la casa y su madre supo que esa era la última vez que la vería…era una historia que se había escrito y temía que sucediera, después de todo estaba tan sometida como su hija a diferencia que ella no lo amaba como hombre.
-…moriste de una manera vergonzosa, que patético…Después de todo vos mismo me enseñaste a defender mi honor, se te fue de las manos, te confiaste demasiado…-

The chan!
By mi

miércoles 5 de marzo de 2008

Necesitamos morir para vivir

Una ves me dijieron: "yo no le tengo miedo a nada" a lo que yo conteste "mentime que me gusta"

Soy algo que esta muy dentro tuyo, estoy tan metido en las profundidades de tu ser que me ignoras casi por completo, tanto que ni siquiera sabes que soy tu inconsciente, tu ignorancia subestima el poder que tengo sobre vos mismo…yo vivo dentro de ella…el vive dentro de aquel y este otro dentro de aquel otro, en todas las personas mora uno de nosotros y jugamos, la mayoría de las veces, en contra con ellos, pero no es nuestra intención, lo hacemos para que evolucionen, para que crezcan, maduren…ellos nos provocan, haciendo que nosotros hagamos cosas desagradables para ellos, creamos fobias, miedos, traumas, los almacenamos según vemos la vida de cada persona y los despertamos en el momento justo. Es ahí donde empieza una batalla, con algo que convivo, el consiente… en algunas personas la pelea es muy atroz, en otras no tanto, todas las personas son diferentes y actuamos según cada una…
Junto a mi tengo un miedo que aun no esta activado, un miedo que enfundo desde pequeña, desafortunadamente, ese miedo se enfundo cuando yo aun no estaba despierto y desconozco su origen, pero mi deber es activarlo.
Era una mañana de otoño, sus 21 años se habían cumplido desde hacia 6 meses. Empecé a mandar señales de que no trabaje, que no estudie…ella jamás lo entendía, pero me obedecía, se hundía lentamente si que se de cuenta cada ves mas…aun así el consiente le ordenaba con su vos potente, todo lo contrario, y también obedecía, eso me enojaba tremendamente, así que empecé a despertar fobias en ella. Ante una situación limite, ante un problema que debía solucionar sola, mi ira rebalsaba, entonces mandaba señales a su cuerpo. La respiración se le agitaba, la garganta se le cerraba y el pecho parecía hundírsele para adentro del cuerpo. Controle sus pensamientos.
-Te vas a morir- le susurraba casi en un tono obsceno que le taladraba sus pensamientos. Logro pasar de año en la universidad. Pronto abandono su trabajo, no lo soporto mas, destroce su autoestima, y me la guarde para que no la recupere, debía hacer un esfuerzo tremendo si la quería. Su consiente me hacia la tarea imposible, pero mi ventaja era que ella me hacia mas caso a mi, y la batalla estaba siendo ganada. Hice que sus fobias se acrecentaran, no solo dolores de pecho. Las personas la aterraban, salía a la calle y la vereda de su casa parecía un extenso desierto que temía no poder llegar viva a su destino, sus manos sudaban frio, la garganta volvía a cerrársele. Ella decía “yo puedo”, su consiente la alentaba, se lo repetía y repetía, pero yo retorcía sus tripas contradiciéndola todo el tiempo. Para que esas palabras no me afecten.
- no podes! Te vas a morir! Vos te queres morir!- siempre fui mas fuerte, siempre la domine. Así que abandono la facultad, de solo pensar que tenia que caminar entre personas la aterraba. Gane una batalla. No contento con eso al pasar los meses y los años, ella perdió sus amigos. Plante una semilla de abandono la cual fui cultivando con mucho amor, hasta que empezó a dar sus frutos. Muerte. Esos frutos nacían podridos, primeramente contaminaban sus pensamientos, luego su alma, luego su espíritu. Pero ella los seguía masticando con una sonrisa radiante, era feliz, sentía que lo tenia todo, amaba, se divertía, reía, bromeaba pero eso era cuando ella pensaba en mi enemigo, cuando se ponía a hablar con el. Soy tan poderoso que hasta a el puedo manipular y lo obligue a decirle lo que yo deseaba.
-ella no tiene porque estar viva- decía yo- decile lo patética que es, decile lo en vano que es seguir en este mundo!- entonces gane otra batalla. Ella perdió la capacidad de pensar en ella misma, perdió la capacidad de cuidarse, se estaba dejando morir, ella misma mato sus sueños, sus metas. Y sin que se de cuenta, había llegado a la edad de 23, no era adulta, pero no una niña. Así que empecé a abrir sus heridas de su niñez, de su adolescencia…y la muerte se hacia presente otra ves en todo su ser, trabajaba a la par conmigo y ella tampoco se daba cuenta de me hacia el camino fácil. Seguía sin comprender todos esos miedos, esas sensaciones en el cuerpo, no entendía que era todo mi plan, estaba tan cegada por la mierda que le embarre en la cara que ya no podía pensar, ni ver, ni escuchar, solo quería morir. Mientras tanto se me hacia difícil, porque ella era fuerte, era sabia, la amaban, la ayudaban, muchos me hacían mi cometido imposible. Un día se sentó en un parque, destrozada, abatida, muerta en vida. Su mente estaba agobiada y embriagada de negatividad, y yo seguía echando leña al fuego una y otra ves, se me hizo un vicio. Tengo un límite que ignore, abuse de mi poder. Las cosas se me complicaron, se me fue la mano, hice que tocara fondo cuando desperté le miedo a todos sus miedos, su monstruo mas enorme, ese que pensaba que no podía derribar, el miedo a madurar. Grave error, entendió que debía tomar el toro por las astas. Entendió que era una gran estupidez lidiar con ese miedo, que debía enfrentarlo. Así que me limite a usar mis últimas armas sin rendirme.
- Pero que estas diciendo? No podes lograr nada, nada de lo que te propongas, no tenes dinero, no tenes amigos, tus padres no soportan ver lo patética que es su hija. Sos muy poco!- de esa manera lograba mantenerla domada, aun así toco fondo, si bien mi plan estaba fallando, ella no hacia nada para remediarlo, la maltrate tanto que decidió aliarse a mi. Punto a mi favor. Todavía tenia una oportunidad. Hasta que alguien le hablo de tal manera que esas palabras con ese tono, esa vos, la manera en que la miraba y le decía con total convicción y seguridad, fue como una lanza que me atravesaba.
- Conocete, si sabes que tenes miedos, agárralo por los cuernos y enterralo miles de pies bajo tierra y clava tu bandera de victoria-
Los papeles se habían invertido, ella miro tan dentro de si misma, se escudriño tanto, que me encontró, me analizo, nos vimos y enfrentamos. Otra batalla había comenzado y esta temía que fuera la ultima, por primera ves sentía que se me estaban acabando las armas.
- Aaaah! Asi que sos el que me pudre por dentro y por fuera no? Estas perdido, ahora estoy consiente, devolverme mi autoestima!!-
- No vas a poder!- le decía despavorido, ahora estaba prestando mas atención a su consiente que a mi y eso me estaba jugando en contra, sus pensamientos se aliaron con él y yo no podía hacer nada, estaba casi perdido.
Aun me ignoraba cuando caminaba a comprar el pan, asi que aprovechaba de despertar sus miedos, solo que eran tan pequeños que podía controlarlos. No era suficiente atacar su cuerpo, su efecto era débil y se reia de mi. Estaba perdido. Con el tiempo su miedo a las personas desapareció. Cuando se sentía mal, sabía como derrotar el miedo a la muerte y luego también desapareció. Había atacado su miedo a madurar, era el gigante mas grande que tenia y tanto a ella como a mi se nos hacia duro el trabajo. Pero ella sabia como intimidarme, de apoco estaba derribando mi ejercito. Y sus ganas de vivir me debilitaban, mi poder se hacia cada ves meno influenciable y estaba recuperando sus deseos y metas, sus sentimientos mas sólidos, como el amor a los demás, florecieron de manera despampanante. Me encandilaba.
Finalmente comprendió que hay un futuro, entendió que ella debía ármaselo, ella sola era dueña de sus actos y que si ella estaba bien con ella misma, los demás se le iban a pegar como lo hace una polilla ante una lámpara incandescente.
No me rendía, aun la asustaba, pero más que eso no podía hacer porque ella me contrarrestaba todo el tiempo, consiguió un trabajo y se recibió en la facultad. ¿Que mas podía hacer yo? Había armado una fortaleza ilimitada. Su futuro. Y se le había metido en todo su ser, era un capricho que la ayudo a entender para que esta en este mundo. Siempre fui terco, testarudo y difícil de conformar, y me comporte como un niño, ante cualquier pequeña entrada trataba de molestarla, pero ahora ella me domina a mi. Estoy perdido. Ella es feliz y llena de vida.



tHe fiHaL
by minashi 1/2
Como que me dieron ganas de cantar una cancion de the beatles..."Lucy in the sky whit diamonds"

jueves 24 de enero de 2008

El triste Sombrerero

Para quienes conocen la historia de Alicia en el País de las Maravillas sabrán entender de quien se trata este personaje. No se a ustedes, pero a mi me dejo un vació en el alma...T.T

En las profundidades de un viejo bosque se hacia paso entre los antiguos árboles tupidos de hojas espesas una larga mesa de algarrobo, era algo maltratada pero parecía resistente, cubierta por un mantel blanco con flores de azar bordadas a mano en tonos pastel. Tortas, tarteletas, buñuelos y dulces no dejaban al descubierto el mantel, la bajilla fina parecía de no ser por las quebraduras que tenían a los lados, las asaz de las tazas que estaban colocadas desordenadamente, estaban remendadas y un poco amarillentas de tanto uso, de la misma manera las cucharas de plata con ornamentos similares a los de las sillas que aguardaban junto a la mesa con sus cómodos respaldos altos. Junto a las tasas y demás exquisitas tortas habían varias teteras de diferentes diseños a sembradas a lo largo de la mesa, del pico humeaba con tranquilidad, también habían varios tarros de porcelana como las teteras con cubos de azúcar, las servilletas de lino también bordadas con flores de azar estaban acomodadas dentro de las tazas formando una especie de flor.
Junto a la mesa había un conejo amarronado, vestía un chaleco casi del mismo color y un moño rojo, estaba inclinado sobre la mesa cantando una canción de cuna junto a una azucarera que parecía estar bacía.
-Sssh, duérmete pequeño, las cerezas de los pasteles son dulces, piensa en ellas y dormirás como un cachorro…- susurraba muy bajito pero de todas maneras era fácil oírlo por el silencio que había en el bosque. – Sssh, duérmete pequeño, algodones de azúcar te esperan, recuéstate en ellos y déjate llevar…- De pronto se detuvo y sonrió satisfecho. Acomodo algunas tazas y luego miro por debajo de la mesa. Ahí estaba el teteretero abrazado a sus rodillas mordiéndose la uña del dedo gordo de su mano derecha, sus jóvenes ojos parecían no tener expresión, estaba totalmente ido, tenia la galera torcida, el moño desecho y su largo y sedoso pelo sobre el rostro de adolescente. El conejo no hizo caso y continúo con lo suyo, parecía ser algo de todos los días. El teteretero no movió un músculo, ni siquiera lo miro de reojo, solo parecía estar concentrado en sus pensamientos, estaba como en trance. Era un estado en el que no entendía donde estaba, ni que sentía, ni que quería, estaba como muerto en vida, como un niño autista.

Su mente empezó a dar vueltas, recuerdos empezaban a nublarle la vista…de pronto se vio con quince años menos. Estaba sentado en un living lujoso y enorme, con sillones de terciopelo color borra vino, unos ventanales grandísimos dejaban entrar los rayos del sol que se hacían paso casi sin pedir permiso y coloreaban el lugar de un tinte amarillento, la alfombra del piso de un verde aceituna hacían juego con las cortinas. Una enorme araña colgaba del cielo razo y los rayos de sol proyectaban pequeños arco iris opaco en forma de diamantes. Una mucama de rostro aniñado y actitud energica se acerca cargando una bandeja con varias porciones de pasteles y una taza de leche caliente. El niño aguardaba junto a uno de los ventanales armando un rompecabezas.
-¡Las cinco! ¡Hora de tomar la leche!- le llamo la atención al niño que vestía un pantalón y una camisa de mangas largas. La mucama le acerco una taza de leche, este lo miro con desilusión y luego a la mucama.
-Quiero tomar te- le dijo seguro- papa lo hace cada día-
- Los niños de tu edad deben tomar leche, así cuando seas grande vas a ser muy fuerte e inteligente. Vas a ver.-
- Y de que me sirve ser inteligente?- pregunto. La mucama lo miro sorprendida.
-¡¿como?! Así estudias y cuando seas grande podes tener tu empresa…
-¿Como papa?- la interrumpió. Ella asintió y mientras tanto le servia un trozo de pastel. El niño obediente comía y jugueteaba.
De pronto un elegante hombre, bajaba por una escalera de algarrobo barnizada, la cual lo condujo al living donde se encontraba el niño, se paro frente a un espejo y armo el nudo de la corbata.
- ¿Te vas papito?- pregunto el niño con la boca llena.
- Si hijo- dijo frío y cortante
-¿me traes algo?-
-Si- contesto el padre sin perder concentración en la corbata- ¿que queres que te traiga?-
-Algo lindo-
- Autos, aviones, trencitos…ya te lo di todo hijo-
-Comprame un muñeco grande que se parezca a vos y que se quede conmigo todos los días- contesto el niño desde su inocencia. La mucama abrió mucho los ojos y miro al padre esperando que diga al menos una palabra.
- Veremos- contesto el padre, agarro un maletín y salio de la casa.
La mucama soltó una risita incomoda y empezó a juguetear con el niño, temiendo que empezara a llorar. Sin embargo el continuaba como si nada, jugueteando con las cerezas de su pastel y con la boca manchada de crema, era como si no le afectara.
-Acá va! Mira mira! El aviooooon- jugaba la mucama feliz. El niño le seguía el juego y reía.
- ¿Porque papa no me quiere?- pregunto de buenas a primeras, inesperadamente para su niñera. A penas pudo entenderle porque tenía los cachetes inflados de torta. La mucama hizo una pausa y tartamudeo un poco como si al hablar pareciera más chica que el niño.
- Tu papa trabaja mucho para que no te falte nada-
-Pero yo quiero tomar el te con el, quiero ponerle los cubos de azúcar en su taza…así!- el niño hizo un ademán en su taza de leche y sonrió achinando sus redondos ojitos brillantes y su narisita de ardilla. A la mucama por poco se le cae una lagrima de pena, hasta se sentía en el compromiso de que ese niño fuera suyo, no tenia a nadie mas que a su padre.
-Cuando yo sea grande, voy a tener una mesa con muchas tazas de te y pasteles y cosas que le gustan a papa, así me va a visitar seguido, a papito le gusta el te-
Cada día el niño veía a su padre en las mañanas, veía arreglarse su corbata para salir y cuando llegaba lo veía sacársela.
-¿Papito, tenes otra casa?- pregunto el niño una mañana.
-¿Que estas diciendo hijo?, estas es mi casa- dijo sin mirar a su hijo como de costumbre. El niño no hizo movimiento alguno, continuaba en su inocente mundo.

El niño se fue trasformando en un gran niño, con 8 años empezaba a entender y razonar las cosas, su espíritu se iba a pagando y cada año que crecía sentía que estaba desvaneciéndose una parte de si. Cuando alcanzo la adolescencia aun continuaba viendo a su frió padre, en las mañanas acomodándose la corbata, en las noches quitándosela, solo que la comunicación ya no existía, solo silencio…básico, hueco, doloroso…
El chico cumplió la mayoría de edad y no tenia claro que debía hacer, nadie le había enseñado, ni ayudado a entender el mundo, solo tenía su escuela completa…pero no sabia que hacer.
Una mañana el padre se sienta junto a su hijo con una taza de te caliente. El chico se sorprendió enormemente, no entendía nada en absoluto. Solo observaba a su padre sentir el aroma del vapor del te.
- Ya sos todo un hombre- empezó el padre. El chico asintió. –que planeas hacer de tu vida?
- No se papa, no se hacer nada-
- Aprende-
- ¿Como?-
- Lee libros, camina, Salí a la calle, viví-
- ¿Por donde empiezo?- el padre tomo un sorbo de te y miro por el gran ventanal pensativo.
- A mi tampoco nadie me enseño algo. Busca algo y viví por tus propios medios-
- ¿De que estas hablando papa?-
- Abrí una cuenta en el banco y he transferido una generosa cantidad de dinero, tomala y pensa en hacer tu vida, ya sos un hombre y tenes que volar del nido- el padre se levanto sin previo a viso y acomodo su corbata-
- ¿Me estas echando?- pregunto no sintiéndose sorprendido de lo que oía, es mas lo veía serca en cualquier momento.
- Tómalo como quieras- y cerro la puerta detrás de el.
El chico deprimido, decidió ir a vivir lejos de la ciudad, lejos de la gente, todas las personas le inspiraban desconfianza, le asqueaban. Tomo el dinero pero nunca lo gasto, se fue a vivir a un bosque en las afueras de la cuidad. Allí encontró una larga mesa de banquete, no entendía porque pero la arrastro hasta las profundidades del bosque. Solo tenia te y azúcar en su mochila y un gran paquete con billetes de gran valor. Deseaba morirse, pero esa demasiado cobarde para quitarse la vida. El admiraba enormemente a su padre, quería ser como el, lo amaba, y aquella herida fue fatal, llego a odiarlo con el tiempo, aun asi nunca lo olvido. Veía su rostro en las tazas, sentia su aroma en el vapor del te. Pero por alguna extraña razón no tenia rencor, lo había perdonado y no entendía el porque. Solo se sentía cerca de el viviendo en La Casa del Te en el bosque. Ahí conoció al conejo, al gato rayado y la infinidad de criaturas que habitaban en el. La reina lo visitaba de ves en cuando, pero no siempre era grata su presencia por lo desagradable que era, aun así se veía en la necesidad de ser amable por todo lo que a el no le dieron, así que atendía a las visitas como el hubiese querido que lo atendieran. Su pelo había crecido, su rostro se volvió alegre pero era de cartón, no era real, no era tangible, aun así su mirada era triste. Por las noches solía quedarse lustrando tazas y acomodando cubos de azúcar solo para no pensar, para no entrar en un estado del que no sabia como salir. Los años pasaron y el continuaba con su vida en el bosque, ya se había acostumbrado y parecía que la herida había sanado, eso era porque tenia visitas del bosque…

- Discúlpeme señor…-oye el Teteretero, aun debajo de la mesa, a lo lejos en medio de aquel silencio casi aturdidor. Era una vos completamente diferente, no la conocía, aun así no movió un músculo. Era muy extraño y poco fuera de lo normal que alguien desconocido se acercara a ese lugar, es mas, nadie lo había hecho en años.
Miro a su derecha y se encontró con unas piernas de una niña, casi una adolescente, vestía unas medias blancas y unas gullerminas de charol negras. – Disculpe señor…- repitió la joven.-¿…ha visto a un conejo blanco?-
-¿por…aquí?- Respondió el conejo misterioso mientas sentaba forzadamente la sentaba a la joven en una silla y le servia una taza de te.
El Teteretero de pronto pego un salto y se golpeo la cabeza con la mesa, las tazas se tambalearon chorreándose el contenido por todo el blanco mantel, las cerezas de los pasteles empezaron a rodar y caer al suelo. Se paro, se arreglo en moño y tomo la galera que se le había caído al suelo, sin siquiera sacudirla se la puso y una sonrisa alegre le ilumino toda la cara de una manera casi contrastante.
-Hola niña- dijo de manera elegante y extravagante- ¿¡que te trae por aquí?!, siéntate y toma una taza de te.
-No no no, yo solo…el conejo blanco, lo ha visto?- repitió una ves mas la rubia chica de ojos dulces y celestes
-¿mmmi…? ¿Yo? ¿En conejo blannnnco?- contesto con otra pregunta revoloteando los ojos de manera muy cómica. Pego un salto sobre la mesa y con una de las teteras empezó a tratar de atinarte en chorro en una taza. –Muchas cosas extrañas pasan por aquí niña…- el conejo la miro y asintió dándole la razón a su compañero- aquí solo festejamos…-
-¿festejar?- dijo la chica.
-mmmjmmm- dijo el Teteretero estirando el sonido- hoy es tu “no cumpleaños”-
-feliz no cumpleaños!- exclamo el conejo zamarreando la mesa.
-¿Yo?- volvió a balbucear la chica.
-Todos los días hay que festejar!- dijo el Teteretero levantando el dedo índice
-¿Festejar que?-
-Festejar niña. Festejar…- el Teteretero se lo repetía a diario. “¿Qué es lo que hay que festejar?...como sea…es lo único que me mantiene vivo”.


The fin
by yo misma